Impuestos y emprendimiento

Se viene una nueva reforma tributaria en Colombia y no podía dejar pasar la ocasión para que como emprendedores hablemos del tema, porque señoras y señores, NO nos libraremos de ella. Como decía Benjamin Franklin: “En este mundo solo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos.”

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A pesar de que los impuestos (y me atrevería a decir que afortunadamente no hacen parte del top 10 de las razones de por qué emprendemos), serán una parte esencial en el desarrollo de nuestros planes de negocio, lo que los convierte en un tema obligado. Aún no conozco a un emprendedor que haya emprendido como causa de un impuesto específico, pero desafortunadamente sí conozco a varios que no lo han hecho o les tocó dejar morir su emprendimiento a causa de ellos. No sé si nuestros legisladores han pensado en nosotros con el debate acerca de una nueva reforma tributaria, pero tampoco sé si ustedes lo han hecho, es por eso que quiero invitarlos a que empiecen a pensar en ello.

No conozco aún a un emprendedor que haya emprendido como causa de un impuesto específico, pero desafortunadamente sí conozco a varios que no lo han hecho o les tocó dejar morir su emprendimiento a causa de ellos.

Muchas veces cuando se habla de impuestos y emprendimiento, enseguida pensamos en cómo se deben desarrollar incentivos tributarios a la creación de empresa por medio de exenciones que permitan la actividad emprendedora. En mi caso, soy de los que cree que cuando se habla de estos dos temas, el ítem más importante no son los incentivos, si no la estabilidad, claridad y coherencia, temas que estaré desarrollando más adelante. Antes, hablemos un poco del por qué a los colombianos se les viene encima una nueva reforma tributaria.

Cuando se habla de impuestos y emprendimiento, los temas más importante son la estabilidad, claridad y coherencia.

Y entonces, ¿por qué el Estado colombiano necesita una nueva reforma tributaria? Me esforzaré en ser lo más breve y simple posible en esta explicación, ya que sus causas no son la razón que nos trajo hoy aquí. Comencemos aclarando que el gobierno, al final de cuentas, es una empresa que ofrece productos y servicios a un grupo de clientes que pagan un precio por obtenerlos, generando ingresos con los cuales cubre sus operaciones. Ese grupo de clientes somos los ciudadanos y empresarios colombianos, y el precio que pagamos, son los impuestos. En este orden de ideas, cuando el gobierno gasta más de lo que gana, se genera un déficit o faltante, que en la mayoría de los casos se cubre con emisión de deuda o solicitud de créditos, tal cual como tú y yo hemos usado alguna vez nuestra tarjeta de crédito. Dentro de este flujo de ingresos, gastos, deuda e intereses, el gobierno también hace proyecciones, y por ende, no solo gasta teniendo en cuenta el ingreso actual, si no el futuro. Y entonces, ¿qué fue lo que pasó? Simplemente, en esta dinámica que hemos presentado, el gobierno empezó a perder desde finales de 2014 a uno de sus principales clientes, el sector petrolero, lo que ha afectado considerablemente sus ingresos, y por ende su déficit. Como cualquier otra empresa, en este entorno de menores ingresos y con la obligación de seguir funcionando, el gobierno tiene diferentes opciones como: aumentar los precios (impuestos), aumentar sus productos (nuevos impuestos), aumentar el número de clientes (más colombianos pagando impuestos), ser más eficiente (combatir la evasión) o disminuir el gasto. La combinación de todo esto es lo que el gobierno presentará como una nueva reforma tributaria en el segundo semestre de 2016, la cual se convertiría en la número 14, lean bien: ¡LA NÚMERO 14! de los últimos 25 años, un promedio de 1 reforma tributaria cada menos de dos años. Antes de que sigamos con el tema que nos compete, déjenme compartirles que el único problema, y de pronto el principal, con la anterior simulación del gobierno como una empresa, es que en este caso el cliente (nosotros) no tiene opción de comprar otro producto, está obligado a pagar el precio que se imponga y tiene el alto riesgo que el producto no sea entregado.

El gobierno al final de cuentas es una empresa que ofrece productos y servicios a un grupo de clientes que pagan un precio por obtenerlos, generando ingresos al gobierno con los cuales cubre sus operaciones.

A pesar de la incertidumbre en la que nos deja la última frase del anterior párrafo, debemos volver a lo que es cierto: la muerte y los impuestos, y por el momento, a solo una de ellas. Con el compromiso de compartir con todos ustedes mi opinión respecto a este tema, me di antes a la tarea de reunirme con varios amigos que no solo son empresarios, si no que son expertos en temas tributarios, necesitaba una voz experta que de alguna manera corroborara mi posición. En este proceso tuve una conversación muy práctica, clara y simple con un viejo amigo y empresario, Jorge Lizcano, CEO de Ecoimpuestos, con quién analizamos profundamente la situación. Para conocer tanto del tema, Jorge logró algo que la DIAN no ha podido hacer con los colombianos, y fue simplificarme en pocas palabras cómo son los impuestos en Colombia, por qué algunos son ineficientes y otros no, pero sobretodo, entender qué es lo que nos están cobrando. En palabras de Jorge: “El problema en Colombia es que nadie entiende qué paga, ni por qué lo paga, y así los impuestos se convierten simplemente en una obligación que cada año se intenta, en lo posible, disminuirla. Desafortunadamente, esa es la relación que ha construido el Estado con los colombianos”.  Y agrega: “Los impuestos en Colombia no tienen unidad de criterio, no son fáciles, no hay transparencia y es costoso administrarlos. Es increíble que en muchos casos, el costo relacionado al proceso de pagar impuestos, es mayor que los mismos impuestos a pagar, ¡esto es inconcebible!”.  Escuchando a Jorge, no solo asentía, si no que pensaba en mi posición: definitivamente, el tema no es de incentivos, es de estabilidad, claridad y coherencia.

“Los impuestos en Colombia no tienen unidad de criterio, no son fáciles, no hay transparencia y es costoso administrarlos. Es increíble que en muchos casos, el costo relacionado al proceso de pagar impuestos es mayor que los mismos impuestos a pagar, esto es inconcebible”. 

Jorge Lizcano, CEO de Ecoimpuestos

Emprendedores, ustedes y yo sabemos que el manejo del riesgo es una pieza clave en nuestro rol, y que al tener mayor información y estabilidad en la misma, nos permite enfocarnos en las innovaciones y modelos de negocio que hemos desarrollado. Por eso, confirmar que una información tan clave como los impuestos, no es estable, ni clara en Colombia, solo me hacen pedirle al gobierno lo siguiente: “Cóbrenos lo que quiera, pero sea claro en qué nos cobra, por qué lo cobra, cómo lo cobra y por cuánto tiempo será así”, con esta información, muchos podríamos decirle que nos las jugamos en esta relación de largo plazo. Sin este comienzo, que por cierto aún no existe en el país, cualquier relación estará destinada al fracaso, que más fracaso que 14 reformas en 25 años. Eso es cómo casarse 14 veces, en 25 años, y con personas distintas, un caso como éste, aún no lo conozco. ¿Y tú que le pedirás al gobierno y al Congreso para esta nueva reforma tributaria?

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Manolo Paez.

Junio 21 – 2016, Volando de Miami a Washington, D.C.

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